En el momento en el que te das cuenta de que todos los días, a todas horas, está merodeando por tu mente esa persona, o sientes la necesidad de hablar sobre ella, o necesitas saber de ella y que cuando escuchas su voz se te calma todo el revuelo que tenías por dentro... es hora de hacertelo mirar. Te estás enganchando a él como si de una droga se tratase.
Se dice que los drogadictos se enganchan a la droga no porque les guste como se encuentran, sino para evitar las consecuencias que acarrea la droga, es decir, consumen por puro mono para estar todo el día por las nubes, y antes de darse la hostia contra el suelo, necesitan volver a consumir para no darse esa hostia.
Creo que a mi me pasa lo mismo, pero con una persona. Trato de no ver más allá, de preocuparme solo por las cosas bonitas que me hace sentir cuando se algo de esa persona, o simplemente cuando escucho su voz o leo sus parrafos perfectamente escritos; y antes de estar mal prefiero ponerme a ver sus fotografías. Sí, creo que me estoy volviendo loca. ¿Pero no es verdad que cuando estamos enamorados de esas personas, estamos enganchados a ellas? Evitamos las discursiones, y antes de ponernos tristes deseamos hablar con ella por teléfono, o por internet, o quedar con ella para sentirmos mejor.
Cierto es. Las personas podemos llegar a ser dogras y dogrodependientes de otras. Que triste.

No hay comentarios:
Publicar un comentario