Hoy me he dado cuenta, de que en realidad, la que consideraba la mayor de mis rivales, es en realidad una persona que ha pasado por un situación similar a la mía. Más bien yo estoy pasando por una situación similar a la de ella.
Factor común: un hombre (si es que se le puede llamar eso)
La debilidad de toda mujer transformada en los primeros síntomas de amor en cartas, rosa y bombones.
Recuerdo tenerla como una enferma de amor, sabiendo que su cura la tenía yo.
La veía luchar cada día por ella, no importaba nada, ni nadie, sólo él. Su cura.
Y yo, sin darme cuenta, de que en realidad estaba siendo también mi enfermedad.
Recuerdo como cada noche le sonreía y le miraba de una forma diferente.
Unas veces emanaba resentimiento, otras amor, celos, fuego, desdén, incluso vi reflejarse en ella la pena, pero la mayoría de las veces era pura necesidad.
Y cómo no, si todo drogadicto mira su meta-anfetamina de igual manera.
La cura. La cura.
Recuerdo las veces que lloré por ella, por todo el daño que me suponía que quisiera recuperar su cura.
Y cuántas veces la haría llorar yo a ella por tenerla.
Cuántas, cuántas, cuántas veces ambas.
La misma enfermedad. La misma cura. La misma persona con diferentes personas.
Que al fin y al cabo somos eso. Personas.
Ahora la recuerdo más que nunca, y esta vez sin recelo, me comparo, y yo no se si ella pasaría por los mismo que yo, o yo por lo mismo que ella, pero al final aquí estamos las dos. Tan distintas, pero tan iguales nos hizo la cura. Y en realidad, la cura, sólo acentúa la enfermedad.
Que como me decía mi padre cuando me hacía una herida: "sana, sana, culito de rana, lo que no sanará hoy, SANARÁ MAÑANA". Y es cierto, que si pica es que está curando, y por suerte. ahora más que picar, rasca.
Y os diré algo, la cura ha producido la enfermedad, y en realidad la cura, no es ni eso.
Enferma, nunca querré tener un trato contigo, pero créeme cuando te digo que estamos mejor sin la cura, pero con cura.