No te puedes llegar a imaginar la rabia que tengo contenida en el cuerpo. Nunca pensé que tanta impotencia, odio, y rencor pesaran tanto en mi cuerpo. Son como lastres que no se separan de mi, me hacen sentirme más pesada, más agresiva, y más malhumorada.
Cuantas veces habré dicho que se acabó, que era momento de escribir una pagina nueva en mi libro de la vida, momento de arrancar otra. Y aún no lo he conseguido.
No consigo pasar página, no sé como pasar la puta página que me llena de tanto odio a mi misma.
¿Por qué? ¿Por qué siempre un cambio en la otra persona? ¿ Por qué no nos adelantamos a ese cambio antes de sufrir? ¿Por qué damos segundas, terceras, cuartas...? y no se vosotros, pero yo he llegado a dar infinidad de ellas.
El despecho en está ocasión no va conmigo. Solo me acompañan
sacos y sacos de maldad, resentimiento, sobre todo de odio...
No me reconozco, enhorabuena, porque has conseguido que todos
los kilos de azúcar que tenia en el cuerpo se hayan convertido en la más pura sal mezclada con tequila. No te imaginas las ganas que tengo de torearte, de darte un empujón. ¿Sabes por qué no lo hago? porque seguirias siendo
el mismo estupido de siempre, que aún perdiendo una parte importante de tu vida, no la sabrías valorar.
Me cansé de tanto ser la mala y tú la víctima.
Yo la princesa que tanto besar al sapo equivocado a terminado creyendo que era un príncipe, tú el sapo que se creía un príncipe, y la estupidez la reina de nuestro castillo.