Yo que por ti dejé de ser una niña para convertirme en una mujer. Yo que por ti me olvidé de mi propia sonrisa para pensar más en la tuya. Yo que por ti me cargué a mil lastres a mi espalda.
Yo, que te enseñé partes de mi cuerpo que el sol no toca. Yo, que te dejé contar uno a uno cada lunar de mi cuerpo.
Tú, que me exhibías como un trofeo a tus amigos. Tú que me culpabas siempre de nuestros problemas. Tú, que tenias miedo a acariciarme. Tú que desconocías lo que era tener valores.
Cada golpe de viento me trae tu olor, lo recuerdo es como si se me parase el corazón durante una milésima de segundo, respiro profundamente, cierro los ojos para que mi recuerdo me lleve hasta a ti, y cuando empieza a revolotear algo por mi estómago, vuelvo a poner los pies en tierra. Cada golpe de viento me hace estremecerme, recordándome el frío otoño que vivimos juntos por las calles de León.
Pero yo para ti solo seré una más de tu colección, la sombra que se ve en la pared, una gota más de un mar eterno, una nube en el cielo, un boli sin tinta, un cero a la izquierda.
Yo, que cargué tu cruz en mi espalda...

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