Saber callarme la boca me cuesta muchas mordeduras de lengua.
Aguantarme las ganas de poner los puntos sobre las íes me cuesta litros y litros de tipex.
Ver tu cara de no haber roto un plato me hace a mi romper platos y platos.
Cueste lo que me cueste tengo que mostrarme entera, porque eso a ti te partirá en dos.
No debo reír, pero tengo que sonreír cuando te vea cruzar la puerta.
Es estar limitada, controlar cada uno de tus pasos y movimientos. Es caer pero levantarse lo antes posible, con o sin ayuda. Es saber guardar silencio cuando quieres gritar. Es entender que un silencio vale más que mil palabras. Es aprender a construir la casa sin empezar por el tejado. Es aprender nuevas cosas de nuevas personas, es el empezar de cero. Son las ganas de empezar a crecer sin dependencia de él, romper todos los lazos que nos unian.
Y es... empezar a hablar de mí, en muy pocas ocasiones de ''él'', y olvidar el nosotros.

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