Un día normal, tranquilo, algo rutinario. Te levantas, subes la persiana, vas al baño, desayunas... al día siguiente, un día normal, tranquilo, algo rutinario. Te levantas, subes la persiana, vas al baño, desayunas... Los días rutinarios pasan a ser meses, siempre los mismos temas de conversación, los mismos cereales, las mismas llamadas al movil. Hasta que derrepente, un día rutinario deja de serlo. Aparece esa persona que te descoloca tu rutina, que te hace cambiar los planes e incluso, compaginarlos con los suyos. Hace que tu estómago tenga cosquillas cuando piensas en él. Te hace tenerlo a todas horas en la cabeza. Te hace suspirar, reír sin control.
Pasas a estar pendiente del movil, deseas un mensaje suyo diciéndote alguna tontería, anhelas una llamada suya para escuchar su voz entrecortada.
Entonces es cuando no te encuentras en medio de la rutina, cada día es diferente: nuevos gestos, miradas, sonrísas..que no le habías visto antes. Suena inquietante, a la vez interesante, pero cuando piensas que lo tienes todo, necesitas más de él. Se convierte en una droga. Una droga que te pone a bombear el corazón rápidamente, que te dilata las pupilas, que te hace temblar.
Y por si no fuera poco, hace que tengas un nuevo tema de conversación: él.

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