¿Alguna vez has tenido miedo a defraudar a alguien, a decepcionarle, a desanimarle, en definitiva, a perderle?
Suena extraño, pero cuanto más quieres a una persona, más controlas tus actos, más mides tus palabras, más miedo sientes cuando se marcha. Cuanto más nos importa una persona menos nosotros somos, y quizás por eso, corremos más riesgo de perderle, de no mostrarnos como somos realmente. Yo ahora estoy en uno de esos momentos. En un momento en el que me da miedo, miedo de que no le guste como me he vestido, de mi peinado, o simplemente, de mi color de uñas. ¿Y sabeis algo? es lo que he estado esperando desde hace mucho tiempo, porque cuando me sonríe cuando se lo digo, y me dice que estoy preciosa. Me hace cantar con furia, bailar con una posesa, me hace estremecerme cuando me da un beso en la frente, me hace flotar, me hace ser feliz hasta el delirio o estar dispuesta a serlo. Y si algo he aprendido estos días, esque debo de apartar mis miedo, dejar de ser de piedra y convertirme en cartón, mostrarme tal y como soy.

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